Para el caso no interesa qué pienso al respecto. Lo que interesa mirar, es cómo en este país, los medios de comunicación gozan hasta la sedicia rotunda, el acabar con sus líderes políticos, como si ese fuera el único papel que tienen encomendada la prensa, la televisión, la radio y el Internet.
Sí, es cierto. Puede ser que Olmert haya cometido actos de corrupción. Y que por eso tenga que renunciar a su cargo. Pero es que el problema no para ahí. Va a llegar Tzipi Livni, o Shaul Mofaz, y luego Benjamín Netaniahu, y los medios se van a comportar igual. Los van a criticar hasta el cansancio, hasta que ellos por su cuenta, o por otros movimientos políticos, dejen sus puestos de mando. Y seguirá así la cuenta.
Tengo entendido que en Francia si un Presidente o Primer Ministro tiene dudas, o se está generando una investigación por alguna acción suya, la investigación queda suspendida, hasta que el dirigente deje su cargo. Pero mientras tanto lo dejan trabajar.
No estoy diciendo que es bueno que personas corruptas manejen los países libremente. Pero es que de esta forma, en Israel, ningún Premier va a lograr tener logros, decisiones de largo plazo, no se va a poder concentrar en su trabajo. Y al final todos pagamos este precios. Incluidos los mismos periodistas, que gozan con el jolgorio de creerse (y en el caso de Olmert, es casi cierto que fue así) que tumban y ponen y tumban y ponen de vuelta primeros ministros, presidentes, parlamentarios, etc.
Es esa prepotencia y ganas de sangre de los medios de comunicación masivos en Israel, que hacen que cada vez vea a este país, y a sus medios, como si fuera una comunidad judía de la diáspora, en donde a sus dirigentes comunitarios, les hacen muchas veces lo mismo. Los destruyen, los critican, los critican, los critican.
Puede ser que en una comunidad judía del mundo, pase esto, y bueno, sus implicaciones no trascienden más allá de las puertas de la comunidad.
Pero es que ese comportamiento en Israel es peligroso. No tenemos vecinos cordiales, y esa búsqueda de autodestruirnos, puede llevarnos a eso, a autodestruirnos. Como lo dice el líder del Hizbolá, Hassan Nasrallah, así nos duela. El dice que los israelíes somos un pueblo de histéricos, de cómodos, de autodestructores, y que nos pasamos la vida peleándo entre nosotros mismos.
Y sí, en parte tiene razón.
Así me duela, así me preocupe.
Paul Chamah
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