Hacía calor, en realidad bastante calor, pero la energía de estos danzantes no desfallecía y ellos continuaban cautivándonos con sus asombrosos movimientos. Por un momento representantes de muchos países del mundo nos convertimos en su público y ellos en embajadores de su región. Mientras los observábamos no podíamos evitar hacer alusión a la gracia de su presentación y sentirnos momentáneamente en medio de tierras lejanas, que para muchos son desconocidas.
Me place ver como las calles se convierten en escenarios artísticos que acogen a los transeúntes que desprevenidamente andamos por allí, para sacarnos por un instante de nuestra rutina y permitirnos entrar a una esfera cultural novedosa y llena de sabor. Este día fue Brasil con su capoeira, en otra oportunidad podría ser Colombia con su cumbia, Argentina con sus tangos, México con sus rancheras o cualquier otro país exhibiendo su esencia, su folclore y sus tradiciones.
¡Buena esa! Para quienes me deleitaron ese día con su demostración de capoeira y que sirva de ejemplo para algunas personas que se olvidan de donde son o no valoran sus raíces. Además, no hay que dejar pasar ninguna oportunidad para conocer y el arte es un camino agradable y entretenido para llegar al conocimiento.
Catalina Zapata
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