Aunque a veces no nos demos cuenta, el salir de Israel, así sea por pocos días, es un acto que es más importante de lo que creeríamos. De repente llega uno a un país (y en esto, casi que todos los países entran en esta generalización), en donde el ritmo de las cosas va más con la vida misma, y no llevándose la vida por delante. De pronto hay más sonrisas, un eventual mejor servicio y atención, autopistas donde aunque corras más, e incluso llegeues a 140 como en la Italia soñada de la cual hace poco regresé, pero sin el estrés y "acelere" israelí, donde te quitan a como de lugar del carril donde viajas, a punta de sube y baja de luces, y de pegarte el auto al tuyo en formas que ya rayan en lo absurdo, que no te queda otra opción que dejarlos pasar.
Pero volviendo a ese respirar tranquilo del "jul" como lo llaman en Israel al extranjero, no hay nada palpable o demostrable en esa sensación de tranquilidad que se te topa de frente con sólo bajarte del avión donde llegues. No sé si está en el aire, en el agua, en la religión, en la cultura. No sé. pero lo que sí sé con la certeza que me da mi corazón y mis sentidos, es que viajar fuera de Israel, es una de las cosas que todos los que vivimos acá, debemos hacer de vez en cuando, así cueste, y no sea fácil. Es, por decirlo de otra forma, una parte vital para el éxito de eso que llaman "hacer aliá".
Paul Chamah
jueves, 10 de julio de 2008
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