viernes, 1 de agosto de 2008

El goce de tumbarlos

Por estos días el Primer Ministro Israelí Ehud Olmert anunció su próximo retiro de la dirigencia del país. Hay personas felices por esta decisión (la mayoría) y una pequeña minoría no tanto.
Para el caso no interesa qué pienso al respecto. Lo que interesa mirar, es cómo en este país, los medios de comunicación gozan hasta la sedicia rotunda, el acabar con sus líderes políticos, como si ese fuera el único papel que tienen encomendada la prensa, la televisión, la radio y el Internet.
Sí, es cierto. Puede ser que Olmert haya cometido actos de corrupción. Y que por eso tenga que renunciar a su cargo. Pero es que el problema no para ahí. Va a llegar Tzipi Livni, o Shaul Mofaz, y luego Benjamín Netaniahu, y los medios se van a comportar igual. Los van a criticar hasta el cansancio, hasta que ellos por su cuenta, o por otros movimientos políticos, dejen sus puestos de mando. Y seguirá así la cuenta.
Tengo entendido que en Francia si un Presidente o Primer Ministro tiene dudas, o se está generando una investigación por alguna acción suya, la investigación queda suspendida, hasta que el dirigente deje su cargo. Pero mientras tanto lo dejan trabajar.
No estoy diciendo que es bueno que personas corruptas manejen los países libremente. Pero es que de esta forma, en Israel, ningún Premier va a lograr tener logros, decisiones de largo plazo, no se va a poder concentrar en su trabajo. Y al final todos pagamos este precios. Incluidos los mismos periodistas, que gozan con el jolgorio de creerse (y en el caso de Olmert, es casi cierto que fue así) que tumban y ponen y tumban y ponen de vuelta primeros ministros, presidentes, parlamentarios, etc.

Es esa prepotencia y ganas de sangre de los medios de comunicación masivos en Israel, que hacen que cada vez vea a este país, y a sus medios, como si fuera una comunidad judía de la diáspora, en donde a sus dirigentes comunitarios, les hacen muchas veces lo mismo. Los destruyen, los critican, los critican, los critican.

Puede ser que en una comunidad judía del mundo, pase esto, y bueno, sus implicaciones no trascienden más allá de las puertas de la comunidad.

Pero es que ese comportamiento en Israel es peligroso. No tenemos vecinos cordiales, y esa búsqueda de autodestruirnos, puede llevarnos a eso, a autodestruirnos. Como lo dice el líder del Hizbolá, Hassan Nasrallah, así nos duela. El dice que los israelíes somos un pueblo de histéricos, de cómodos, de autodestructores, y que nos pasamos la vida peleándo entre nosotros mismos.

Y sí, en parte tiene razón.

Así me duela, así me preocupe.

Paul Chamah

El fraude de Telefé

Hace tiempo que se les pedía, a todos los latinoamericanos en Israel, que se juntaran firmas para lograr que las empresas de cable de televisión emitieran a algún canal proveniente de Sudamérica. La idea original era que la señal proviniera de Argentina y que se pudiera ver en directo o diferido la imagen de una estación que nos hablara con nuestros propios códigos, nuestro lunfardo, con las realidades que mamamos en nuestros países de origen y que dejamos allá lejos y hace tiempo. La única emisora en castellano era el canal español TVE en su señal internacional y no estábamos conformes con esto. El idioma es el mismo pero el pensamiento es el de un país europeo que poco tienen que ver con Latinoamérica (tampoco con Israel y las noticias provenientes de la península ibérica sólo son agravios para los israelíes y alabanzas para el pobre pueblo palestino). La intención de insistir a través de firmas tuvo su corolario final en la exitosa llegada del canal Telefé por medio de Hot, empresa proveedora de cable. El servicio fue gratuito hasta el 1 de agosto y desde ese día se puede ver pagando el abono adicional de 16.90 shékels.
Ya llegaron las primeras quejas por tener que pagar por un servicio que no siempre cobran los mayoristas de cable como el caso de la televisión rusa, francesa, rumana, belga y de otros tantos países europeos. La realidad es que la empresa pretende recuperar el costo de emisión de una señal que pasa por dos satélites (desde Argentina a EEUU, desde allí a Europa y del Viejo Continente a Israel).
El problema mayor de Telefé en Israel es que muchos de sus programas actuales tienen los derechos comprados por el argentino - israelí Yair Dori y que, por ello, no pueden ser emitidos hoy en día. Por lo tanto, los sufridos televidentes tenemos que ver novelas viejas que empezaron a emitirse en el año 2001 o tenemos que "disfrutar" de varias series con los mismos actores que fueron filmadas en distintas épocas. Es muy cómico ver a la misma actriz en distintos tiempos con medidas diferentes de busto o de nalgas (ninguna se salva de las cirugías estéticas).
Por otra parte, nos defrauda el idioma prostibulario que se maneja en los programas. No pretendemos ser santos ni intelectuales de la lengua, pero no queremos que un mar de puteadas de pésimo gusto invada nuestra pantallas sin justificación alguna. Aspiramos a que la televisión sea parte de la educación del idioma de nuestros hijos y de los mismos israelíes curiosos de contemplar todo lo que tenga que ver con el idioma castellano.
Por ahora Telefé es sólo un fraude con muy pocas propuestas interesantes y una mayoría de series viejísimas. Lo más agradable para los que nacimos en la Argentina es volver a ver las callecitas, a través de los noticieros, de los queridos lugares en los que nos criamos. Sólo eso. Nada más que eso. Amigos de Hot: no cuenten con este periodista al momento de tener que pagar el abono adicional. La propuesta me había llenado de expectativas antes que se concretara. Hoy, visto los resultados, ya no me convencen... hace mucho que dejé de comer gato por liebre.

Julio Bircz